viernes, 28 de junio de 2013

Luz verde al primer ensayo con células iPS en humanos, para intentar curar la ceguera

Japón autoriza una investigación con pacientes que sufren DMAE


Las autoridades japonesas han dado luz verde a la investigación clínica con células madre pluripotentes inducidas (iPS), un tipo de célula madre que se produce de manera artificial y que puede generar cualquier tipo celular o tejido. Los investigadores usarán estas células en pacientes con degeneración macular asociada a la edad (DMAE), una enfermedad que es la primera causa de ceguera en el mundo. Por Yaiza Martínez.


Las autoridades del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón han dado luz verde a la investigación clínica con células madre pluripotentes inducidas (iPS), que son un tipo de célula madre que se produce de manera artificial -a partir de una célula somática - y que, como las células madre embrionarias, son capaces de generar cualquier tipo celular o tejido. 

¿Cómo se hace? La receta es compleja: En primer lugar, se toma una célula normal, por ejemplo, de la piel de un paciente. A continuación, se le induce la expresión de varios genes que provocan que la célula vuelva a ser lo que inicialmente era: una célula madre. 

Esta “involución” celular tiene una gran ventaja, porque las células madre (al contrario que las ya diferenciadas, como las de la piel) tienen la capacidad de dividirse y diferenciarse en múltiples tipos de células especializadas (son pluripotentes).

Primeras pruebas con iPS en pacientes humanos 

Lo que harán los investigadores japoneses es analizar el uso de células iPS en pacientes con degeneración macular asociada a la edad (DMAE), una enfermedad del ojo ocasionada por degeneración, daños o deterioro de la mácula, que es una capa de tejido sensible a la luz que se encuentra en el centro de la retina. 

La DMAE está considerada la principal causa de ceguera en el mundo y se estima que en Japón la padecen unas 700.000 personas. El proyecto será llevado a cabo por la oftalmóloga Masayo Takahashidel Centro RIKEN de Kobe. 

Según publica dicho Centro en un comunicado, los investigadores planean crear células iPS autólogas, que son las que proceden del propio organismo del paciente, en este caso de su piel, para “fabricar” células del epitelio pigmentario de la retina, o células EPR

Las EPR serán trasplantadas en las retinas de enfermos de DMAE, inicialmente en forma de lámina de células con el fin de evaluar la seguridad de la terapia. 

La investigación se llevará a cabo en estrecha colaboración con el Instituto de Investigación e Innovación Biomédica, ubicado también en Kobe, y los primeros trasplantes podrían realizarse a principios del año que viene. 

Si este ensayo clínico demostrase que la técnica cura la DMAE, podría abrirse una nueva era en el terreno de la medicina, aunque los científicos se muestran cautos. Takahashi afirma que, aunque la terapia funcione, 
probablemente pasarán años hasta que pacientes con DMAE puedan recobrar la vista gracias a ella. 

Por otra parte, la cautela radica en que no se sabe cómo puede reaccionar el organismo a los trasplantes celulares, y se teme que éstos puedan producir una transformación maligna de las células, es decir, cáncer.

Un poco de historia 

Este proyecto constituye la primera aplicación clínica de las células iPS, una terapia que saltó a la fama internacional en 2012, cuando el profesor Shinya Yamanaka, de la Universidad de Kyoto, descubrió el proceso de creación de células iPS. 

El hallazgo le valió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología ese mismo año, que compartió con John B. Gurdon, otro de los científicos clave en el desarrollo de estos conocimientos. 

Yamanaka y Gurdon han demostrado que las células especializadas (las del hígado, las de la piel, las de los ojos, etc.) pueden dar “marcha atrás” al reloj de su desarrollo en determinadas circunstancias ya que las alteraciones de su genoma durante su especialización no son irreversibles. 

Todo empezó en 1962, cuando Gurdon, en un experimento, reemplazó el núcleo celular inmaduro de una célula del óvulo de una rana por el núcleo de una célula intestinal madura. 

Este óvulo modificado se convirtió en un renacuajo normal. Gurdon observó, además, que el ADN de la célula madura todavía tenía toda la información necesaria para desarrollar las células de la rana. 

Pero no fue hasta 40 años más tarde cuando Shinya Yamanaka consolidó esta línea de investigación. En 2006, el investigador japonés demostró cómo las células intactas maduras en ratones podían ser reprogramadas para convertirlas en células madre inmaduras. 

Sorprendentemente, mediante la introducción de solo unos pocos genes, Yamanaka pudo reprogramar células maduras para convertirlas en células madre pluripotentes, es decir, células inmaduras capaces de convertirse en cualquier tipo de células en el cuerpo.

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